Poemas Nuestros Poetas  

 
Mi Metáfora Camuflada  Informe de Situación  Los Amigos
Saber que hay un fin
Mi corazón marmolado.
Aurora. Triste. cadavérica.
Vacío embalsama un sentimiento.
Un sabor. Un veneno.
Mañana. Incertidumbre.
Busco (sin ser vista) mi naufragio.
- ¿ Qué haces soledad tan presente?
- ¿ por qué me habitas? me sofocas.
Ay, me embriagas!
Transito los sitios que se esfuman
con el tiempo.
Soy historia. Una historia inconclusa,
una historia hueca.
Bella. Mansa. -¿ Te ocultas?
- ¿ Por qué huyes?
Percibo en tu candil un susurro.
Se fulmina. Silencio.
¿ Nuevamente, Soledad?
Vamos a ver:
La patria espera su rosa victoriosa.
Mis hijos crecerán a pesar mio.
Me volveré soplo en medio del viento
y estos papeles arderán un tarde
sin más destino que ceniza.
Las palabras resbalan sobre los techos
y hace calor y no me duermo.
La luna creciente me trae sus ojos.
Y no me duermo.
No hay otra cosa en mí que su mirada.
Aquí está la casa profunda donde los guardo.
Estas antípodas, transitorias o permanentes
que me empujan a sobrevivir
luego de los viajes sin realizar,
de los reinos esfumados,
estos cálices interiores
que riegan los límites de mi playa,
son mis aproximaciones más perfectas.
En el atril de los simulacros ellos dan la gran llamada
para apuntar a la verdad,
sus palabras las incorporo
a mi propiedad más auténtica,
a mis mejores armas.
aquí es donde correspondo a sus claves mínimas.
aquí, en el medio del pecho,
donde se habla de cosas sencillas,
los amigos son los hechos consumados
.
 
 Marcia Lo Feudo Gabriel Impaglione  Elsa Fenoglio
     
Mis Casi Mansos Ojos  La Verónica  La Mañana
Pongo mis ojos en una larga espera
allí se quedan, casi mansos
dejando pasar aluviones catastróficos
donde un blanco hollín nos cubre
la cabeza.
Uno que lucha por la dignidad del ojo
que alza banderas
que derroca sombras
que le hace temblar las rodillas
a tiranos ciegos
que intenta una canción
en un campo de silencio.
Uno
apenas un hombre de caliente sangre
que no se conforma con migajas.
Esta mañana
pongo mis ojos, casi mansos
para armar una mesa grande
donde todos tengamos a mano una botella
y puedan dignamente
sin culpas
mirar a sus hijos.
Perfumada de claustrofobia
espiaba las mesas grafiteadas.
Se escondió tras una mata de cabellos despeinados
escalonando sus pulgares
hasta estrujar la nariz contra el espejo
no podrá saltar la puerta ni la fuerza
caballos grises
la galopan
después de fríos
de inviernos
y de húmedos cubiles
escapará por las cornisas
hasta hacerse invisible.
Caminas cuidadosamente entre los trozos del sueño.
Las estrellas, grandes, pálidas y dulces,
Están desvaneciéndose en le húmedo amanecer.
Tímidamente sorbes plata
De la copa de la madrugada.
Las caras grises de la noche gris
ciegas fijan su mirada en lo gris.
Muriéndose,
Apoyadas en tus hombros.
Anda con cuidado.
A algo amargo huelen
las hierbas de la mañana.
 Carlos Carbone Vevi  Svetlana Makarovik

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