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Introducción:
Las cosas que vamos consiguiendo y preparando para celebrar una
fiesta cualquiera nos ayudan a pensar en los demás y,
sobre todo, en el homenajeado. Cuando la fiesta es religiosa
se suma algo más: los preparativos nos ayudan a pensar
en Dios, en lo que ha dicho y hecho por nosotros.
La novena de la Virgen
de Luján tiene esa finalidad: preparar el corazón
para su fiesta pensando en ella, y repasando lo que Dios ha dicho
y hecho en comunión con los hermanos en la fe.
Por eso, esta novena está
preparada en base a la historia del milagro de la Virgen de Luján,
iluminada con partes de la Biblia, y enriquecida con la oración
que los mismos peregrinos dejaron escritas en el Santuario.
Al presentar los hechos
de la historia, con fidelidad a lo ocurrido en 1630 y los años
subsiguientes, queremos rezar y profundizar en lo que Dios hizo
en nuestra patria al dejarnos a su Madre en Luján.
Cada día de la
novena tiene una parte de la Palabra de Dios para meditar y partes
de salmos para rezar, como así también el Padrenuestro,
el Ave María y el Gloria.
Y aunque cada uno rece
por separado, la novena la rezamos en comunión: pidiendo
unos por otros y agradecidos también con los demás.
Podríamos haber propuesto rezar un día por los
enfermos, otro día por las familias, etc. Pero preferimos
poner las intenciones que algunos han dejado escritas en la Basílica,
conservando incluso su expresión. De esta forma podemos
rezar unos por otros uniendo a cada intención los nombres
de personas que están en una situación parecida;
pero además enriqueciéndonos con la forma de dirigirse
a Dios o a su Madre que usan otros hermanos en su oración
habitual.
PRIMER
DÍA: La Madre de Jesús quiso estar presente en
nuestra tierra para darnos a su Hijo.
Fieles a la fe que recibimos,
adoramos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y veneramos
a la Virgen María, la Madre de Jesús. Sabemos que
en la historia de nuestra salvación, ella tiene un lugar
único. Aceptó ser la Madre del Hijo de Dios y estuvo
siempre unida a él. Para hacerla Madre de Cristo, Dios
la preservó del pecado ya antes de nacer; por eso la veneramos
como la Inmaculada, la Limpia y Pura Concepción, la llena
de gracia. Desde el cielo, junto a Jesús resucitado,
cuida y acompaña a los hermanos de su Hijo que todavía
peregrinamos en esta tierra.
La evangelización
en nuestro continente estuvo marcada por un gran amor a la Madre
de Dios, que siempre dio señales de su compañía
y cuidado. Así, una imagen sencilla de su Limpia y Pura
Concepción, quiso quedarse en el río Luján
en 1630. Su presencia silenciosa a través de la historia
nos acerca el amor misericordioso de Dios, que quiso hacerse
hombre para darnos su Vida.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
De la Carta a los Gálatas:
Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios
envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley,
para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos
hijos adoptivos. (4, 4-5)
Recemos ahora con el canto
de la Virgen: Lc 1, 46-55
Antífona: El
Señor hizo en mí maravillas.
Proclama mi alma la grandeza
del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación
de su esclava.
Desde ahora me felicitarán
todas las generaciones,
porque el Poderoso ha
hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega
a sus fieles,
de generación en
generación.
Él hace proezas
con su brazo:
dispersa a los soberbios
de corazón,
derriba del trono a los
poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los
colma de bienes
y a los ricos los despide
vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de
su misericordia
-como lo había
prometido a nuestros padres-
a favor de Abraham y su
descendencia por siempre.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: El
Señor hizo en mí maravillas.
Intenciones:
- Amada y pura madre de
Luján: te escribo estas líneas para agradecerte
que hayas aceptado en tu misericordioso corazón que seamos
tus hijos, aunque seamos rebeldes y tantos dolores te causemos...
- María, te pido
que me des fuerza para poder seguir tu ejemplo de madre, hija,
esposa. Y que la luz de tu Hijo Jesús no deje de brillar
en nuestro país. Danos esperanza.
(Podemos agregar otras
oraciones.)
Padre Nuestro... Dios te salve, María... Gloria al Padre,
al Hijo...
Oración final: Virgencita de Luján, Madre
de los que vivimos en esta tierra Argentina, ¡gracias por
quedarte con nosotros! Estamos como Jesús, en la cruz;
doloridos, pero esperando la vida. Sostené nuestros brazos.
Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro pueblo. Virgencita
de Luján, somos tus hijos. Amén.
SEGUNDO
DÍA: La Virgen de Luján nos recuerda que Dios va
haciendo la historia junto a su pueblo.
Como dice el dicho, el
hombre propone y Dios dispone...
En el año de 1630,
un hacendado portugués de Sumampa, Santiago del Estero,
encargó a un amigo suyo de Pernambuco, Brasil, una imagen
de la Inmaculada Concepción de la Virgen. Éste
le envió dos imágenes pequeñas, hechas de
tierra cocida: una de la Limpia y Pura Concepción, y otra
de la Virgen con el Niño Jesús dormido en sus brazos.
Ambas fueron conducidas por mar desde el puerto de Pernambuco
al de Buenos Aires, y después, en carreta, tomaron rumbo
al norte por el camino viejo.
Dios quiso intervenir
en este camino y lo cierto es que, quien llegó
a Sumampa fue la imagen de la Virgen con el Niño. Para
la otra imagen, el Señor tenía otros planes...
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del libro del profeta
Isaías: Los pensamientos de ustedes no son los míos,
ni los caminos de ustedes son mis caminos oráculo
del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos
y a los pensamientos de ustedes. (55, 8-9)
Recemos ahora con un Salmo:
SALMO 25
Antífona: Muéstranos,
Señor, tus caminos.
Muéstrame, Señor,
tus caminos,
enséñame
tus senderos.
Guíame por el camino
de tu fidelidad;
enséñame,
porque tú eres mi Dios y mi salvador,
y yo espero en ti todo
el día.
El Señor es bondadoso
y recto:
por eso muestra el camino
a los extraviados,
él guía
a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino
a los pobres.
Todos los senderos del
Señor son amor y fidelidad,
para los que observan
los preceptos de su alianza.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Muéstranos,
Señor, tus caminos.
Intenciones:
- Te pido que me ilumines
y me guíes en el difícil camino de elegir mi carrera
y poder aclarar mi cabeza.
- Dame la calma que necesito
para ver mi camino, ilumíname, te lo ruego, sólo
sé que a pesar de todo siempre tuve dentro mío
ansias de vivir.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro... Dios te salve, María... Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
TERCER
DÍA: La Virgen de Luján nos invita a no dejar de
maravillarnos ante los signos que Dios realiza entre nosotros.
Para ir hacia el norte,
desde Buenos Aires, la carreta que llevaba las imágenes
de la Virgen debía hacer varias paradas. La segunda fue
cerca del río Luján, en la estancia de Rosendo
(actualmente Villa Rosa, partido de Pilar). Fue en ese lugar
donde ocurrió el milagro: como la carreta no podía
avanzar decidieron descargarla; y sucedió que al bajar
uno de los cajones avanzaba normalmente. Si se cargaba ese cajón,
volvía a detenerse. Al abrirlo, encontraron la imagen
de la Limpia y Pura Concepción. Conmovidos, el negro Manuel
y otros testigos, entendieron que la Virgen había elegido
ese lugar y decidido quedarse allí.
Hoy también reconocemos
en ese signo el amor que Dios nos tuvo, y el modo admirable en
el que quiso dejar a su Madre entre nosotros, antes de que fuéramos
nación.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Marcos:
La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios
diciendo: Nunca hemos visto nada igual. (2,
12)
Recemos ahora con un Salmo:
SALMO 117
Antífona: Alaben
al Señor, todos los pueblos.
¡Alaben al Señor,
todas las naciones,
glorifíquenlo,
todos los pueblos!
Porque es inquebrantable
su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece
para siempre. Aleluya.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Alaben
al Señor, todos los pueblos.
Intenciones:
- Siempre recordaré,
mientras viva, el milagro que se produjo en mí en 1999...
Ayudaste a mi matrimonio y a mi familia toda. Te pido, Madre,
la bendición y la protección para todos...
- Virgen de Luján:
gracias por haberle curado a mi esposo...
- Virgencita de Luján:
te doy gracias por haberme escuchado en el momento que te necesité.
Gracias por haber ayudado a mi bebé a salir del problema
que tuvo cuando nació.
- Vengo a tus pies, mi
Santa Virgen de Luján, a cumplir con mi promesa, casi
ya cumplida por tus plegarias... Ya podemos decir: nuestra
casa, ya la tenemos, de por vida te rezaremos por esta
bendición.
- Virgencita querida,
te pido que hagas el milagro por el bien de mis nietitos, de
mis hijos y toda mi familia. Gracias. Una abuela desesperada.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
CUARTO
DÍA: El amor de la Virgen nos da la libertad para estar
al servicio de nuestros hermanos.
El negro Manuel fue traído
de África como esclavo, cuando tenía unos 25 años.
Fue comprado en Brasil y traído a Buenos Aires, junto
con las imágenes. Después del milagro se dedicó,
hasta su muerte, por más de 50 años, a servir a
la Virgen. Cuenta la tradición que muchos enfermos recobraban
la salud cuando Manuel los ungía con el aceite de la lámpara
que ardía en honor de Nuestra Señora. Se sabe que
estuvo unos años casado con una mujer criolla llamada
Beatriz, que era esclava de la misma familia a la que pertenecía;
y luego enviudó.
Para que pudiera seguir
cuidando la imagen, fue comprado a sus antiguos dueños
gracias a una colecta popular, aunque él ya decía:
Soy de la Virgen, nomás.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Juan:
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora
lo que hace su Señor; yo los llamo amigos, porque les
he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes
los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí
a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y
ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre
en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les
mando es que se amen los unos a los otros. (15, 15-17)
Recemos ahora con un Salmo:
SALMO 102
Antífona: El
amor del Señor permanece para siempre.
Bendice al Señor,
alma mía,
que todo mi ser bendiga
su santo Nombre;
bendice al Señor,
alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.
Él perdona todas
tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de
ternura;
el Señor hace obras
de justicia
y otorga el derecho a
los oprimidos.
Como un padre cariñoso
con sus hijos,
así es cariñoso
el Señor con sus fieles;
él conoce de qué
estamos hechos,
sabe muy bien que no somos
más que polvo.
Pero el amor del Señor
permanece para siempre.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: El
amor del Señor permanece para siempre.
Intenciones:
- Virgen de Luján,
gracias por darme la libertad y poder estar con mi familia. Ayudame
en todo momento, líbrame de toda tentación y nunca
más separarme de mi familia.
- Virgencita de Luján,
te pido bendición por los que están privados de
su libertad, que pronto tengan su libertad. Gracias.
- Señor, gracias
por mirarme y bendecirme con una familia hermosa; te pido pan,
trabajo y salud para todos los argentinos. Amén.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
QUINTO
DÍA: Desde el cielo, el negro Manuel nos anima a acercar
a la Virgen a nuestros hermanos y a rezar por sus necesidades.
La primera ermita que
le construyeron a la Virgen estuvo terminada en 1633. Pero a
pesar de que crecía la fama de los milagros y gracias
que Ella concedía, el lugar quedó más tarde
abandonado durante unos cuarenta años. Sólo el
negro Manuel mantuvo vivo en ese tiempo el culto a Nuestra
Señora de Luján, como ya se la acostumbraba
a llamar. Él era quien recibía a los peregrinos,
rezaba por sus necesidades, cuidaba de la ermita y de la imagen,
y contaba la historia del milagro.
Su gran amor a la Señora
y la fidelidad a su servicio durante esos años, permitieron
que hoy conservemos la imagen de la Virgen y guardemos en la
memoria su presencia milagrosa entre nosotros.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Mateo:
En aquel tiempo, Jesús dijo: Te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado
estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado
a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo
has querido. Vengan a mí todos los que están afligidos
y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes
mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde
de corazón, y así encontrarán alivio. Porque
mi yugo es suave y mi carga liviana. (11, 25-26.
28-30)
Recemos ahora con un Salmo:
SALMO 27
Antífona: Señor,
no me dejes ni me abandones.
El Señor es mi
luz y mi salvación,
¿a quién
temeré?
El Señor es el
baluarte de mi vida,
¿ante quién
temblaré?
Aunque acampe contra mí
un ejército
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra
contra mí,
no perderé la confianza.
No alejes con ira a tu
servidor,
tú, que eres mi
ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.
Aunque mi padre y mi madre
me abandonen,
el Señor me recibirá.
Yo creo que contemplaré
la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor
y sé fuerte;
ten valor y espera en
el Señor.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Señor,
no me dejes ni me abandones.
Intenciones:
- Santísima Virgencita
de Luján: ...te pido... que mejoren las cosas del país.
Quisiera ver crecer a mi nieto mejor...
- Virgen de Luján:
...no te podés imaginar el dolor que siento al ver a mis
papás peleados, cuidalos mucho, que los amo. Gracias,
y que mejore la Argentina, que no haya más chiquitos con
hambre...
- Te agradezco, Madre,
por enseñarme el lenguaje del amor y cobijarme en los
momentos de soledad. Pero mi fe es limitada, te pido que me ayudes
a acrecentarla.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
SEXTO
DÍA: En Luján, tenemos una casa para estar con
la Virgen. Pero Ella también quiere peregrinar con nosotros.
La señora Ana de
Matos, que tenía una estancia unas 5 o 6 leguas de distancia
de la de Rosendo, al ver el abandono en el que había quedado
la ermita decidió ofrecerle un lugar más digno
a la Virgen y construir, con el tiempo, una capilla para que
la pudieran venerar los peregrinos. Así, con una procesión
que duró dos días, la Virgen peregrinó junto
a sus hijos hasta el lugar donde se construiría el nuevo
templo.
También Ana de
Matos, como el negro Manuel, fue un instrumento de Dios para
servir a su pueblo. Gracias a ella, nuestra Madre pudo tener
una casa para seguir recibiendo a sus hijos; y las tierras que
le donó a la Virgen dieron origen a la actual ciudad de
Luján.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Lucas:
En aquellos días, María partió
y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a
Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María,
el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel,
llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú
eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de
tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de
mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo,
el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz
de ti por haber creído que se cumplirá lo que te
fue anunciado de parte del Señor. (1, 39-45)
Recemos ahora con un Salmo:
SALMO 84
Antífona: Feliz
quien ama al Señor y marcha en sus caminos.
¡Qué amable
es tu Morada,
Señor del universo!
Mi alma se consume de
deseos
por los atrios del Señor;
mi corazón y mi
carne claman ansiosos
por el Dios viviente.
Hasta el gorrión
encontró una casa,
y la golondrina tiene
un nido
donde poner sus pichones,
junto a tus altares, Señor
del universo,
mi Rey y mi Dios.
¡Felices los que
habitan en tu Casa
y te alaban sin cesar!
¡Felices los que
encuentran su fuerza en ti,
al emprender la peregrinación!
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Feliz
quien ama al Señor y marcha en sus caminos.
Intenciones:
- Virgencita: queremos
agradecerte por estar siempre con nosotros, por guiarnos e iluminarnos...
Te pido por mi familia aquí presente en tu casa.
- Virgen de Luján:
quisiera encomendar en tus manos la felicidad de cada persona
que te visita esforzándose para llegar a tu Basílica
y pedirte por los que hoy no están.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
SÉPTIMO
DÍA: A través de la Virgen, Dios nos da alivio
y consuelo para nuestros dolores.
En 1684, el padre Pedro
Montalbo viajó desde Buenos Aires afectado por ahogos
asmáticos. Quería vivir o morir cerca la Virgen.
Fue recibido por el negro Manuel, que como a otros enfermos,
lo ungió con el aceite de la lámpara que ardía
en honor de la Virgen; y le expresó que si se curaba,
sería el primer capellán de la Virgen de Luján.
Y efectivamente, luego de sanarse, el padre Pedro la sirvió
durante 16 años, hasta su muerte.
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
De la segunda carta a
los Corintios: Bendito sea Dios, el Padre de nuestro
Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de
todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones,
para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo
que recibimos de Dios. (1, 3-4)
Recemos:
DEL PROFETA ISAÍAS
(Cap. 38)
Antífona: Protégenos,
Señor, todos los días de nuestra vida.
Yo decía: En lo
mejor de mis días me tengo que ir:
he sido destinado a las
puertas del abismo
por el resto de mis años.
Yo decía: Ya no
contemplaré al Señor
en la tierra de los vivientes;
no veré más
a los hombres
entre los habitantes del
mundo.
Estoy piando como una
golondrina,
gimo como una paloma.
Mis ojos se consumen de
mirar a lo alto:
¡me oprimen, Señor,
sé tú mi fiador!
Mi amargura se cambió
en bienestar:
tú has preservado
mi vida
de la fosa del aniquilamiento,
porque has arrojado detrás
de tus espaldas
todos mis pecados.
Porque tú me salvaste,
Señor,
haremos resonar nuestras
liras
todos los días
de nuestra vida
junto a la Casa del Señor.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Protégenos,
Señor, todos los días de nuestra vida.
Intenciones:
- Virgen Madrecita mía:
traje a mi hijo a hacerlo tu hijo y así por intermedio
tuyo Dios deposite sus manos en él. Tiene problemitas
de salud, que con tu ayuda y la mano del Padre va a superar...
Gracias, Madre.
- Virgencita: te voy a
pedir por una compañera que estuvo internada conmigo.
Es una persona muy buena conmigo y te quiere mucho.
- Virgen de Luján,
gracias por sanar a mi hijo y ayudarme a mí a superar
mis problemas de salud.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final:
Virgencita de
Luján, Madre de los que vivimos en esta tierra Argentina,
¡gracias por quedarte con nosotros! Estamos como Jesús,
en la cruz; doloridos, pero esperando la vida. Sostené
nuestros brazos. Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro
pueblo. Virgencita de Luján, somos tus hijos. Amén.
OCTAVO
DÍA: A los pies de nuestra Madre de Luján, descubrimos
una historia en común y nos reconocemos hermanos.
El milagro de la Virgen
de Luján ocurrió hace muchos años. Sin embargo,
el suceso de los cajoncitos y la carreta inmóvil ha llegado
hasta nosotros. Alguien nos lo contó. Nuestros padres
o abuelos; los catequistas o algún sacerdote. Lo cierto
es que sabemos, por muchas voces que lo han trasmitido, que la
Virgen quiso quedarse en Luján.
La figura del Negro Manuel
cobra mucha importancia también en este aspecto: fue testigo
presencial del milagro y lo contó a los peregrinos que
visitaban a la Madre. Su fidelidad y constancia hizo posible
que hoy este hecho estuviera en la memoria del Pueblo de Dios
en nuestra Patria.
La tradición continuó
y continúa. Quienes hoy visitan a la Virgen, aunque no
sepan su historia al detalle, experimentan su cariño y
lo trasmiten a sus hijos, a sus amigos...
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Lucas:
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso
las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había
perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre
sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama
a sus amigos y vecinos, y les dice: Alégrense conmigo
porque encontré la oveja que se me había perdido.
(15, 3-6)
Recemos: SALMO 145
Antífona: Alabaremos
tu nombre por siempre, Señor.
Te alabaré, Dios
mío, a ti, el único Rey,
y bendeciré tu
nombre eternamente;
día tras día
te bendeciré,
y alabaré tu nombre
sin cesar.
¡Grande es el Señor
y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!
Cada generación
celebra tus acciones
y le anuncia a las otras
tus portentos:
ellas hablan del esplendor
de tu gloria,
y yo también cantaré
tus maravillas.
Ellas publican tus tremendos
prodigios
y narran tus grandes proezas;
divulgan el recuerdo de
tu inmensa bondad
y cantan alegres por tu
victoria.
Mi boca proclamará
la alabanza del Señor:
que todos los vivientes
bendigan tu santo Nombre,
desde ahora y para siempre.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Alabaremos
tu nombre por siempre, Señor.
Intenciones:
- Después de tantos
años sin poder venir, pude al fin conocer la iglesia de
Luján, que vine cuando tenía un año...
- Virgencita de Luján:
este sábado vine primero que nada, a cumplir con mi ofrenda
de agradecimiento, por la petición que en su momento te
supo hacer mi abuela tan amada (Dios la tenga en su gloria),
luego de tantos años. Yo te ofrezco mis plegarias, te
ofrezco mis servicios, para con quienes lo necesiten.
- Virgencita, ayudaste
y escuchaste las plegarias de mis papás, hoy te pido que
con misericordia escuches y recibas las mías.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final: Virgencita de Luján, Madre
de los que vivimos en esta tierra Argentina, ¡gracias por
quedarte con nosotros! Estamos como Jesús, en la cruz;
doloridos, pero esperando la vida. Sostené nuestros brazos.
Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro pueblo. Virgencita
de Luján, somos tus hijos. Amén.
NOVENO
DÍA: Desde Luján, Jesús nos sigue diciendo:
Ahí tienes a tu Madre...
Los argentinos sabemos
que en Luján tenemos a nuestra Madre. Es como si Jesús
nos hubiera dicho a nosotros lo mismo que le dijo al discípulo
estando en la cruz: Ahí tienes a tu madre.
Su casa es meta de muchos caminos. Sus manitos juntas reciben
nuestras oraciones y se las acercan a Dios. Sus ojos buenos atraen
nuestras miradas y su manto nos cubre. Su bendición nos
reanima y renueva. Es nuestra, pero es de todos: su corazón
es tan ancho como el mundo y ninguno de los que la invoca con
fe queda sin su cuidado, sea argentino o no. 
Leamos con atención
la Palabra de Dios:
Del evangelio de san Juan:
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre, con
su hermana María, mujer de Cleofás, y María
Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo
a quien él amaba, Jesús le dijo: Mujer, aquí
tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Aquí
tienes a tu madre. Y desde aquel momento, el discípulo
la recibió en su casa. (19, 25-27)
Recemos con un Salmo:
SALMO 121
Antífona: Nuestra
ayuda viene del Señor.
Levanto mis ojos a las
montañas:
¿de dónde
me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del
Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
El Señor es tu
guardián,
es la sombra protectora
a tu derecha:
de día no te dañará
el sol,
ni la luna de noche.
El Señor te protegerá
de todo mal
y cuidará tu vida.
El te protegerá
en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.
Gloria al Padre, al Hijo
y al Espíritu Santo...
Antífona: Nuestra
ayuda viene del Señor.
Intenciones:
- Mamita, gracias por
dejarme venir a verte, te amo y sos mi protectora.
- Yo soy una fiel tuya,
como todas las peregrinaciones yo estoy ahí, yendo caminando,
aunque el tiempo esté lindo, feo, con viento o lluvioso,
yo siempre estoy ahí; te quiero y confío en vos...
- Virgencita de Luján,
te doy gracias por la salud de todos mis familiares y te pido
que nos des a todos la felicidad y la paz que nos hace falta
en el mundo. Yo soy de Sucre, y espero que estés allá.
- Gracias Madre por escucharnos
y ayudarnos, por darnos fuerzas para seguir y porque a pesar
de todo, somos un pueblo que sigue en la lucha, sin perder la
fe.
- Virgen de Luján:
yo sé que hoy es un día muy especial para vos porque
te visitan grandes, chicos, jóvenes de toda clase y de
todo lugar. Por eso yo te pido de corazón que llegues
a cada una de estas personas, especialmente a los jóvenes
que están quebrados, angustiados por la desocupación
y especialmente por la droga... Te quiero y gracias por estar
siempre.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final: Virgencita de Luján, Madre
de los que vivimos en esta tierra Argentina, ¡gracias por
quedarte con nosotros! Estamos como Jesús, en la cruz;
doloridos, pero esperando la vida. Sostené nuestros brazos.
Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro pueblo. Virgencita
de Luján, somos tus hijos. Amén.
XX
DÍA: El amor de la Virgen nos da la libertad para estar
al servicio de nuestros hermanos.
El negro Manuel, un esclavo
traído de África, cuidó la imagen de la
Virgen, contó su historia y recibió a los peregrinos.
Muchos enfermos recobraban la salud cuando Manuel los ungía
con el aceite de la lámpara que ardía en honor
de la Señora. Siempre decía: Soy de la Virgen,
nomás.
Leamos con atención
la Palabra de Dios: Ya no los llamo servidores, porque
el servidor ignora lo que hace su Señor; yo los llamo
amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de
mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino
yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para
que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo
lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
(15, 15-17)
Intenciones:
Virgen de Luján,
gracias por darme la libertad y poder estar con mi familia. Ayudame
en todo momento, librame de toda tentación y nunca más
separarme de mi familia.
(Podemos agregar otras
oraciones.) Padre Nuestro...Dios te salve, María...Gloria
al Padre, al Hijo...
Oración final: Virgencita de Luján, Madre
de los que vivimos en esta tierra Argentina, ¡gracias por
quedarte con nosotros! Estamos como Jesús, en la cruz;
doloridos, pero esperando la vida. Sostené nuestros brazos.
Cubrinos con tu manto. Cuidá a nuestro pueblo. Virgencita
de Luján, somos tus hijos. Amén. |